Cómo aplicar la IA al trabajo de las OPFH y AOP

AIVERSO impartió en Huelva dos jornadas sobre inteligencia artificial aplicada a OPFH y AOP, agentes especializados de gestión documental.

Los días 22 y 24 de julio, AIVERSO impartió en Huelva dos jornadas de formación sobre la aplicación de la inteligencia artificial al ámbito de las OPFH y AOP. Las sesiones, conducidas por Mike Mosch y José Miguel García, partían de una idea sencilla, avanzar desde una comprensión general de la IA generativa hacia un uso mucho más práctico, centrado en cómo integrar estas tecnologías en entornos con una fuerte carga documental, normativa y procedimental.

Durante los dos días se trabajaron tanto el uso cotidiano de las principales plataformas de IA como un ámbito que gana cada vez más peso en las organizaciones: la creación de agentes y asistentes especializados capaces de trabajar con documentación propia, instrucciones definidas y procesos concretos.

Mike Mosch AIVERSO Inteligencia artificial

Entender la IA antes de aplicarla

Antes de hablar de agentes, asistentes o automatización, conviene entender qué ocurre realmente cuando utilizamos una herramienta de inteligencia artificial. Por eso las jornadas comenzaron por los fundamentos: los modelos de lenguaje, el contexto, los tokens, la memoria y las herramientas que incorporan plataformas como ChatGPT, Claude y Gemini, y la forma en que estos elementos condicionan el trabajo con IA. También se aclaró una distinción que suele generar confusión: la que existe entre el modelo de inteligencia artificial y el entorno o plataforma desde el que se utiliza, algo fundamental para entender sus capacidades, sus herramientas y sus límites.

Esta base resulta especialmente relevante en un contexto profesional. Utilizar IA no consiste solo en aprender a escribir mejores instrucciones; implica entender qué información tiene disponible el sistema en cada momento, cómo gestiona el contexto, qué herramientas puede utilizar y hasta dónde llegan sus capacidades. Con estos conceptos claros, la formación pudo trasladarse al terreno concreto de las necesidades de las OPFH/AOP.

Un entorno documental complejo

La gestión asociada a las OPFH/AOP obliga a trabajar de forma habitual con normativa, procedimientos, programas operativos, actuaciones, requisitos, inversiones, controles, documentación justificativa y expedientes. Y la dificultad no está únicamente en disponer de esa información, sino en localizarla, relacionarla, comprobar su vigencia, interpretar requisitos, contrastar documentos y detectar posibles carencias o contradicciones entre fuentes.

Es precisamente en este tipo de entornos donde la inteligencia artificial puede aportar más valor: consultar grandes volúmenes de documentación, estructurar información, comparar fuentes, preparar revisiones o facilitar determinadas comprobaciones previas. Pero para obtener resultados fiables no basta con abrir un chat y formular una pregunta; hace falta construir un entorno adecuado alrededor de la IA.

Un chat no es lo mismo que un agente

Uno de los ejes de la formación fue distinguir entre utilizar inteligencia artificial en una conversación puntual y trabajar con un sistema configurado previamente para una actividad concreta. Un chat puede ayudarnos a analizar un documento, redactar un texto, resumir información o resolver una consulta determinada. Un agente especializado parte de otra lógica: puede tener una misión definida, instrucciones previamente establecidas, documentación propia, procedimientos de trabajo, herramientas y reglas que determinan cómo debe actuar ante distintas situaciones.

La diferencia es importante, porque la pregunta deja de ser únicamente qué le preguntamos a la IA y pasa a ser cómo diseñamos el sistema que va a trabajar sobre esa consulta. Estos conceptos se trasladaron a un entorno basado en documentación oficial relacionada con OPFH/AOP, lo que permitió ver cómo cambia el comportamiento de un sistema cuando dispone de información especializada, instrucciones claras y procedimientos definidos de antemano.

Qué hay detrás de un agente

Durante las sesiones se analizaron los principales componentes que pueden formar parte de un agente profesional. El system prompt establece su función, su ámbito de actuación, las reglas que debe respetar, los límites de su trabajo y la forma en que debe entregar los resultados. Las skills permiten estructurar procedimientos específicos y resultan especialmente útiles cuando el sistema no debe limitarse a responder, sino seguir una secuencia determinada de comprobaciones o análisis antes de llegar a una conclusión. A estos elementos se suman la documentación especializada, la información aportada en cada conversación, la memoria, el contexto disponible y las herramientas propias de cada plataforma.

Es la combinación de todas estas capas la que permite pasar de una IA que responde preguntas a un sistema preparado para trabajar siguiendo una lógica definida de antemano, algo especialmente importante en ámbitos donde existen normativa, procedimientos y criterios que respetar.

La documentación también es arquitectura

Otro de los aspectos tratados fue la preparación de la documentación utilizada por estos sistemas. Cuando se construye un asistente documental, no siempre es conveniente cargar directamente todos los archivos disponibles sin un trabajo previo: el formato, la estructura y la limpieza de los documentos influyen en la forma en que la inteligencia artificial puede procesarlos.

Por eso se trabajó sobre la transformación de determinados documentos PDF a Markdown y sobre la conversión de archivos Excel a CSV, cuando estos formatos permiten simplificar la estructura de la información y facilitar su lectura y tratamiento por parte de la IA. El objetivo es disponer de corpus documentales más limpios, organizados y fáciles de interpretar, reduciendo elementos de formato innecesarios y facilitando la localización y relación de la información. Un trabajo que cobra todavía más importancia a medida que aumenta el volumen documental, porque un buen agente no depende únicamente del modelo que utiliza, sino también de qué documentación se selecciona, cómo se organiza y de qué forma se prepara antes de incorporarla al sistema.

Cada plataforma trabaja a su manera

La formación permitió también comparar distintas aproximaciones al trabajo con inteligencia artificial. ChatGPT y Claude ofrecen entornos donde combinar conversaciones, instrucciones, documentación y herramientas para construir sistemas especializados. Gemini Notebook plantea un enfoque especialmente interesante cuando el principal reto está en analizar, consultar y relacionar un conjunto de fuentes documentales. Cada plataforma gestiona de forma diferente aspectos como el contexto, los archivos, las instrucciones o la documentación disponible.

De ahí uno de los mensajes centrales de las jornadas: no existe una herramienta mejor para todo. La elección debe depender del proceso que se quiera mejorar, del volumen y el tipo de información disponible y del comportamiento que se necesite del sistema.

Aprender a elegir y combinar herramientas

Las jornadas incluyeron también una dinámica práctica pensada para que los participantes trabajaran con mayor autonomía ante un reto abierto. El objetivo no era comprobar quién conseguía generar el contenido más llamativo, sino observar algo más importante: cómo se seleccionan y combinan distintas capacidades de inteligencia artificial cuando existe un objetivo concreto que resolver.

Investigación, generación de contenidos, organización de información, creación visual o elaboración de materiales pueden abordarse con herramientas diferentes. Este tipo de ejercicios ayuda a romper una idea todavía muy extendida -que trabajar con IA significa utilizar siempre la misma aplicación-. El ecosistema actual es mucho más amplio: existen diferentes modelos, proveedores y herramientas, con capacidades que evolucionan constantemente, y conocerlos, compararlos y entender qué puede aportar cada uno permite tomar mejores decisiones y evitar adaptar todos los problemas a una única solución.

Diseñar sistemas, no solo usar herramientas

Las dos jornadas de Huelva abordaron la inteligencia artificial desde dos perspectivas complementarias: aprender a utilizar mejor las herramientas que ya existen y, a la vez, comprender cómo empezar a construir agentes y asistentes especializados alrededor de procesos, documentación y conocimiento profesional. El segundo enfoque es especialmente relevante en ámbitos como el de las OPFH/AOP, donde buena parte del trabajo consiste en interpretar, relacionar y revisar información procedente de distintas fuentes.

La inteligencia artificial puede reducir parte de ese esfuerzo, facilitar el acceso al conocimiento y mejorar determinadas tareas de revisión o análisis. Pero conseguirlo exige trabajar sobre algo más que la tecnología: definir qué función tendrá el sistema, qué información necesita, qué procedimientos debe seguir, qué límites debe respetar y cómo deben revisarse sus resultados. Ese es, probablemente, uno de los principales cambios que estamos viendo en la adopción profesional de la IA: pasar de utilizar herramientas de forma puntual a diseñar sistemas capaces de integrarse en la forma real de trabajar de una organización.

Las jornadas de Huelva permitieron abordar precisamente ese cambio, utilizando las OPFH/AOP como un entorno real sobre el que entender tanto las posibilidades de estas tecnologías como las condiciones necesarias para aplicarlas con rigor. Y es que el siguiente paso en la adopción de la inteligencia artificial no consiste tanto en preguntar mejor como en diseñar mejor el sistema que queremos poner a trabajar.

Formación en IA para ingenieros agrónomos e ingenieros técnicos agrícolas en Granada – COITA

IA aplicada al trabajo de ingenieros agrónomos e ingenieros técnicos agrícolas

Publicado el 4 de agosto de 2026 · Formación impartida en el COITA de Granada

El pasado 23 de julio, Aiverso impartió una sesión de formación sobre inteligencia artificial aplicada al trabajo de ingenieros agrónomos e ingenieros técnicos agrícolas en el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Granada.

Durante cuatro horas, un grupo limitado a 23 profesionales analizó una cuestión que cada vez está más presente en el sector: cómo puede incorporarse la inteligencia artificial al trabajo cotidiano de ambos perfiles sin perder rigor, criterio ni responsabilidad profesional.

La asistencia tuvo que limitarse a ese número, aunque otras personas también habían mostrado interés por participar. Este dato refleja una realidad evidente: la inteligencia artificial ha dejado de ser un asunto lejano para convertirse en una preocupación concreta dentro de despachos técnicos, explotaciones, cooperativas y empresas agrarias.

Mike Mosch y José Miguel García López, de Aiverso, condujeron la sesión con un planteamiento claro desde el inicio: analizar cómo puede incorporarse la inteligencia artificial al ejercicio profesional de ingenieros agrónomos e ingenieros técnicos agrícolas, atendiendo a las competencias y responsabilidades propias de cada perfil.

Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Agrícolas y Peritos Agrícolas de Granada.

01

De la curiosidad a los problemas reales del sector

La presencia de ingenieros agrónomos e ingenieros técnicos agrícolas permitió trabajar sobre situaciones muy próximas a la realidad profesional de ambos colectivos. La encuesta previa reflejaba perfiles vinculados con la dirección y gestión de explotaciones, el asesoramiento técnico y otros ámbitos propios de la actividad agraria.

Esto hizo que la conversación avanzara rápidamente desde las preguntas generales hacia problemas mucho más concretos.

¿Cómo puede ayudar la IA a preparar una visita de campo? ¿Qué ocurre cuando faltan datos? ¿Puede detectar contradicciones entre documentos? ¿Cómo se evita que complete información que no aparece en un expediente? ¿Hasta dónde puede apoyar la elaboración de un diagnóstico o un informe técnico?

Las dudas y aportaciones de los asistentes fueron conectando la tecnología con tareas que forman parte de su día a día. Esa participación permitió abordar la inteligencia artificial desde un terreno reconocible, lejos de los discursos genéricos y de las promesas difíciles de trasladar a la práctica.

Porque conocer una herramienta no significa saber utilizarla profesionalmente. Y obtener una respuesta rápida tampoco significa haber resuelto correctamente un problema.

02

Antes de construir asistentes, hay que entender cómo trabajan

Una parte importante de la jornada se dedicó a explicar qué es la inteligencia artificial generativa, qué diferencias existen entre un chat general y un asistente especializado y por qué la calidad del resultado depende de la información, las instrucciones y los límites que se hayan definido.

Un sistema de IA puede ayudar a organizar datos, resumir documentos, comparar información, preparar preguntas o elaborar un primer borrador. Sin embargo, también puede generar una respuesta aparentemente convincente a partir de datos incompletos.

Ese es uno de los principales riesgos.

En el trabajo de ingenieros agrónomos e ingenieros técnicos agrícolas, una conclusión incorrecta no es simplemente un texto mal redactado. Puede afectar a una explotación, condicionar una inversión, alterar una recomendación técnica o tener consecuencias productivas, económicas e incluso legales.

Por eso, el valor de la inteligencia artificial no reside únicamente en su capacidad para responder. También debe saber detenerse, reconocer que faltan datos, señalar una contradicción o advertir que una conclusión necesita ser validada.

La IA puede asistir al profesional, pero no sustituir su conocimiento, su experiencia ni la responsabilidad asociada a sus decisiones.

03

El proceso importa más que la herramienta

El enfoque de Aiverso parte de una idea sencilla: una implantación útil de inteligencia artificial no comienza eligiendo una plataforma. Comienza entendiendo cómo se realiza actualmente el trabajo.

Antes de automatizar una tarea, es necesario analizar qué información recibe el profesional, qué comprobaciones realiza, qué criterios aplica, dónde aparecen errores y qué parte del proceso consume más tiempo.

En el ámbito agrario, muchas horas de trabajo se destinan a preparar visitas, ordenar observaciones, revisar documentación, consultar fuentes oficiales, comparar datos, organizar fotografías, redactar informes o hacer seguimiento de las actuaciones recomendadas.

La IA puede aliviar parte de esa carga, especialmente cuando la información se encuentra dispersa entre correos electrónicos, analíticas, fotografías, formularios, hojas de cálculo y documentos con formatos diferentes.

Pero no basta con escribir una instrucción genérica como “prepara un informe” o “diagnostica este problema”.

Un sistema profesional necesita conocer el contexto, solicitar los datos necesarios, seguir un procedimiento y respetar unos límites. También debe mostrar de dónde procede la información, distinguir los hechos de las hipótesis y entregar un resultado que pueda ser revisado.

Ahí se encuentra la diferencia entre mantener una conversación ocasional con una inteligencia artificial y diseñar un asistente especializado.

04

Del chat general al asistente especializado

Un chat general puede resolver una consulta puntual utilizando la información disponible en ese momento. Puede ser útil para explorar ideas, resumir un texto o preparar un borrador rápido.

Un asistente especializado tiene otra finalidad. Se diseña para realizar una misión concreta de manera consistente.

Para conseguirlo, debe saber qué trabajo tiene que desarrollar, qué información necesita antes de comenzar y qué situaciones quedan fuera de su alcance. También debe conocer las fuentes que puede consultar, el procedimiento que debe seguir y la forma en que tiene que actuar cuando encuentra datos incompletos o contradictorios.

El objetivo no es conseguir una respuesta que parezca correcta. Es construir un sistema que trabaje con método.

Esta diferencia resulta especialmente importante en contextos técnicos. Una respuesta rápida puede transmitir seguridad y, al mismo tiempo, apoyarse en información insuficiente. Un asistente profesional debe hacer visible esa insuficiencia antes de formular una conclusión.

Durante la formación, esta idea se trasladó a dos pilotos relacionados directamente con el ejercicio profesional de ingenieros agrónomos e ingenieros técnicos agrícolas.

05

Un asistente para ordenar una incidencia de campo

El primer piloto estaba orientado al análisis inicial de consultas e incidencias técnicas en explotaciones agrícolas.

Su propósito no era emitir automáticamente un diagnóstico. Pretender que una inteligencia artificial determine una causa sin disponer de toda la información sería poco riguroso y, en muchos casos, peligroso.

La función del asistente era ayudar al profesional a organizar lo que sabía y, sobre todo, a detectar lo que todavía necesitaba saber.

Ante una incidencia, el sistema podía estructurar los síntomas observados, separar los hechos de las interpretaciones, identificar posibles líneas de comprobación y preparar las preguntas que deberían plantearse al responsable de la explotación.

También podía ayudar a diseñar una visita técnica más ordenada: qué zonas conviene revisar, qué fotografías deben tomarse, qué antecedentes es necesario consultar y qué muestras o analíticas podrían ser relevantes.

Su aportación más importante no consistía en anticipar una respuesta definitiva, sino en evitar que se tomara una decisión apresurada.

Cuando faltaban datos sobre el riego, el sistema radicular, los tratamientos anteriores, las condiciones ambientales o la evolución temporal de los síntomas, el asistente debía indicarlo. Del mismo modo, tenía que diferenciar claramente entre una causa posible y una causa confirmada.

La gestión de la incertidumbre es una condición esencial para utilizar inteligencia artificial en contextos profesionales. La IA debe ayudar a formular mejores preguntas, no a ocultar aquellas que todavía no tienen respuesta.

06

Un asistente para revisar documentación antes de redactar

El segundo piloto se centró en la preparación de informes técnicos agrarios.

Uno de los mensajes principales fue que un informe no comienza cuando se escribe la primera frase. Comienza mucho antes, con la revisión de la documentación recibida.

Antes de redactar, es necesario comprobar qué archivos forman parte del expediente, qué información contiene cada uno y si los datos son coherentes entre sí.

Un asistente especializado puede facilitar esta fase previa. Puede inventariar los documentos, resumir provisionalmente su contenido, relacionar cada dato con su fuente y localizar campos incompletos o información desactualizada.

También puede detectar discrepancias que podrían pasar inadvertidas durante una revisión manual.

Si dos documentos recogen superficies diferentes, fechas incompatibles o datos contradictorios, la IA no debe decidir por su cuenta cuál es correcto. Debe señalar el conflicto y trasladarlo al profesional para su validación.

Lo mismo ocurre cuando falta información. El sistema no debería completar un dato porque resulte probable o porque aparezca en un expediente similar. Debe mantenerlo como pendiente y explicar cómo afecta su ausencia al alcance del informe.

Este planteamiento permite que la IA acelere la organización y la redacción sin asumir decisiones que requieren criterio profesional.

07

Una jornada que dejó ganas de continuar

Al finalizar la formación se realizó una encuesta de valoración. La respuesta de los participantes fue muy positiva, tanto por el enfoque como por los contenidos y la dinámica de la sesión.

También quedó patente el interés por profundizar en los casos prácticos.

Los ingenieros agrónomos y los ingenieros técnicos agrícolas no buscan únicamente conocer qué es la inteligencia artificial. Quieren saber cómo utilizarla para resolver problemas que ya existen: preparar inspecciones, revisar analíticas, organizar expedientes, consultar fuentes técnicas, elaborar informes o hacer seguimiento de una explotación.

Ahí se encuentra el verdadero reto de la formación.

Una sesión centrada exclusivamente en herramientas puede resultar llamativa, pero difícilmente transforma la manera de trabajar. Para que la tecnología llegue a incorporarse a la actividad profesional, es necesario partir de una necesidad concreta y convertirla en un proceso controlado, revisable y mejorable.

La jornada celebrada en el COITA de Granada no pretendía cerrar ese proceso. Representó un primer paso.

La inteligencia artificial puede reducir el tiempo dedicado a localizar, ordenar, comparar, resumir y redactar información. También puede ayudar a preparar mejor una visita técnica, detectar incoherencias documentales o estructurar un análisis.

Sin embargo, su utilidad no depende solo de la capacidad de la herramienta. Depende del método con el que se integra en el trabajo.

Un asistente dirigido a ingenieros agrónomos e ingenieros técnicos agrícolas debe conocer su misión, trabajar con información pertinente, reconocer cuándo faltan datos y diferenciar claramente entre hechos, hipótesis y conclusiones. Sus resultados deben ser comprensibles, trazables y revisables.

Y la decisión final debe permanecer siempre en manos del profesional.

No se trata de sustituir el conocimiento agronómico, sino de utilizarlo mejor. De reducir el trabajo repetitivo para dedicar más tiempo a observar, analizar y decidir.

La acogida de la jornada confirma que existe un interés real por avanzar en esta dirección. El siguiente paso será trabajar sobre nuevos casos, construir asistentes adaptados a diferentes perfiles profesionales y comprobar su utilidad en tareas reales.

La experiencia desarrollada en el COITA de Granada demuestra que la inteligencia artificial puede aportar valor a ingenieros agrónomos, ingenieros técnicos agrícolas y al conjunto del sector agrario, siempre que se implante con conocimiento del proceso, criterio profesional y responsabilidad.

ANEXO: AIVERSO Implantación de IA en las empresas agrarias

Cooperativas agrarias · inteligencia artificial aplicada

¿Hablamos de tu colegio, tu despacho o tu cooperativa?

La sesión del COITA de Granada es un ejemplo de cómo trabajamos: partimos de problemas reales, no de herramientas genéricas. Si quieres organizar una jornada similar para tu colegio profesional, o valorar un piloto de inteligencia artificial para tu cooperativa o explotación, hablemos.

mikemosch@aiverso.com

656 462 176

aiverso.com

— Equipo AIVERSO