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Caso empresarial · SOMG / Somisur · Écija
De identificar oportunidades a activar la IA en el corazón de una empresa industrial.
SOMG culmina junto a AIVERSO una fase decisiva de su Plan Director de Inteligencia Artificial: 14 profesionales trabajan sobre asistentes adaptados a sus departamentos para transformar oportunidades detectadas en capacidades de trabajo.
9 octubre 2026Hito: 8 octubre 2026Por AIVERSOLectura: 7 min
Écija · 8 de octubre de 2026 Jornada de cierre de la fase de activación y entrega de diplomas
14profesionales participantes de SOMG
8.10.26cierre de una fase intermedia del Plan Director
Una hoja de rutadel diagnóstico a la adopción progresiva
01 / El punto de partida
La transformación no empieza por elegir herramientas. Empieza por entender el negocio.
En una empresa industrial, incorporar inteligencia artificial exige mucho más que aprender a escribir instrucciones para un modelo. Exige conocer cómo se relacionan la planificación, las compras, las operaciones, la calidad, la atención al cliente y la gestión directiva.
Con esa perspectiva, SOMG (Somisur), empresa de Écija especializada en somieres y soluciones para el descanso, avanza junto a AIVERSO en un Plan Director de IA estructurado en fases. El trabajo arrancó con un análisis de la organización y sus procedimientos para identificar dónde podía tener sentido aplicar esta tecnología.
El objetivo del diagnóstico no era acumular ideas, sino construir una base de decisiones y prioridades para una adopción gradual y con criterios empresariales.
“El valor de la IA aparece cuando una oportunidad se convierte en una nueva capacidad de trabajo, no cuando simplemente se incorpora una herramienta.”
FASE 01
Diagnosticar
Comprender procesos, detectar oportunidades y definir las prioridades del Plan Director.
FASE 02 · HITO ACTUAL
Activar equipos
Capacitar a los profesionales y trabajar con asistentes adaptados a tareas reales.
FASE 03 · CONTINUIDAD
Consolidar
Validar los casos de uso, integrarlos progresivamente y medir su impacto.
02 / Las personas
14 profesionales. Una transformación que implica a toda la organización.
El 8 de octubre de 2026 se cerró la etapa de capacitación y activación de un grupo de 14 profesionales de SOMG, con participación de Gerencia, Presidencia y responsables de diferentes áreas.
La formación, dirigida por Mike Mösch, director y CDO de AIVERSO, se diseñó sobre oportunidades identificadas en el propio Plan Director, evitando un programa genérico desconectado de la realidad de la empresa.
La entrega de diplomas reconoció el trabajo realizado y señaló un punto de partida para continuar avanzando en la adopción de la IA.
Reconocimiento a los participantes de la fase de capacitación y activación.
03 / De la teoría a la práctica
Asistentes inteligentes construidos desde las tareas de cada departamento.
Los profesionales han trabajado en la creación, configuración y adaptación de asistentes de IA concebidos como apoyo a situaciones de trabajo concretas.
El planteamiento conecta cada asistente con las funciones del equipo: qué información necesita, qué resultado se espera, qué instrucciones debe seguir y cómo se valida el trabajo realizado.
Configurar un asistente no significa que ya esté integrado en producción. Esta etapa crea capacidades internas para comprobar su utilidad, perfeccionarlos y decidir cuáles conviene incorporar de forma estable.
Sesión práctica sobre metodología y despliegue progresivo de IA en SOMG.
04 / Ámbitos de aplicación
Un mismo Plan Director. Oportunidades específicas en cada área.
Las aplicaciones trabajadas y exploradas se relacionan con funciones de distintas áreas. Son ámbitos de oportunidad, no resultados de implantación ya acreditados.
Gerencia y propiedad
Preparación de análisis, seguimiento de información y apoyo a decisiones.
Administración y finanzas
Organización documental, análisis administrativo y preparación de informes.
Compras y aprovisionamiento
Comparación de información, proveedores y documentación de compras.
Planificación y operaciones
Procedimientos, consultas operativas y estructuración de información.
Atención al cliente y comercial
Preparación de respuestas, consultas y comunicaciones profesionales.
Calidad
Revisión y organización de procedimientos, registros y documentación.
Recursos humanos
Documentación, comunicaciones y soporte a procesos internos.
Diseño y desarrollo
Organización de especificaciones y exploración de soluciones técnicas.
05 / Así se vivió
Una activación real, en imágenes.
Sesiones de trabajo, interacción entre departamentos y aplicación práctica de la IA. Selecciona una imagen para ampliarla.
06 / Cambio organizativo
El verdadero desafío es cambiar hábitos, no acumular aplicaciones.
El valor empresarial de la IA depende de que las personas sepan reconocer oportunidades, formular una necesidad, trabajar con el sistema y verificar los resultados antes de utilizarlos.
Por eso, el programa de SOMG ha puesto el foco en la adopción profesional: que el conocimiento del negocio siga estando en manos de quienes lo gestionan y la tecnología amplíe su capacidad de actuación.
La implicación de Presidencia y Gerencia sitúa el proyecto dentro de una estrategia transversal y favorece que las mejoras futuras se coordinen entre departamentos.
La capacitación aborda nuevos hábitos de trabajo asistidos por IA.
07 / Lo que viene
Una fase completada. Un Plan Director que continúa.
El 8 de octubre no se cerró la transformación de SOMG. Se completó una etapa esencial para avanzar desde el diagnóstico a una adopción organizada.
El siguiente reto es determinar qué asistentes y casos de uso ofrecen suficiente utilidad para evolucionar hacia procedimientos estables, con supervisión, seguridad, criterios de calidad y responsabilidades definidas.
Validar los casos prioritariosComprobar resultados y condiciones de uso con los responsables de cada proceso.
Definir criterios operativosEstablecer cómo se gestionan datos, verificaciones y responsabilidades.
Incorporar progresivamenteIntegrar las soluciones que demuestren utilidad dentro de las rutinas de trabajo.
Medir lo que cambiaAnalizar adopción, tiempo de ejecución, calidad y otras métricas pertinentes.
AIVERSO × SOMG
La IA aporta valor cuando se convierte en una capacidad de la organización.
El caso de SOMG muestra una secuencia realista: comprender el negocio, identificar oportunidades, preparar a las personas y avanzar hacia implantaciones evaluables. El proyecto se desarrolla en el marco del convenio entre AIVERSO y el Círculo Empresarial y Desarrollo de Écija (CEDÉ).
¿Qué es el Plan Director de Inteligencia Artificial de SOMG?
Es una hoja de ruta para analizar procesos, priorizar oportunidades, capacitar a los equipos y orientar la adopción progresiva de soluciones de IA en la organización.
¿Qué se completó el 8 de octubre de 2026?
La fase de capacitación y activación de 14 profesionales de diferentes áreas de SOMG, que culminó con una entrega de diplomas. No supone la finalización del Plan Director completo.
¿Los asistentes de IA ya están integrados en todos los departamentos?
No se afirma eso. Los participantes trabajaron en la configuración y adaptación de asistentes; su integración estable requiere validación, criterios de seguridad y evaluación de resultados.
¿Cuál es el papel de AIVERSO?
Acompaña a SOMG en su Plan Director de IA, desde el análisis de oportunidades hasta la capacitación y orientación de la adopción empresarial de esta tecnología.
Tres jornadas en Almería para llevar la inteligencia artificial al trabajo real de las cooperativas
Durante los días 29, 30 y 31 de julio, COEXPHAL organizó en Almería tres jornadas centradas en la aplicación de la inteligencia artificial al entorno de las cooperativas agrarias. La formación fue impartida por Mike Mösch, Chief Digital Officer de AIVERSO y AI Tender X, y José Miguel García López, consultor de inteligencia artificial en AIVERSO. Las jornadas reunieron tanto a profesionales de distintas áreas de las organizaciones como a responsables de gerencia.
El objetivo no era enseñar una colección de herramientas ni demostrar todo lo que puede hacer hoy la inteligencia artificial. La cuestión era bastante más relevante para una organización: cómo pasar de utilizar IA de manera puntual a incorporarla con sentido dentro de los procesos reales de trabajo.
Porque una cooperativa no necesita simplemente generar textos más rápido. Necesita trabajar con información agronómica, documentación técnica, expedientes, normativa, datos administrativos, procedimientos internos y decisiones que afectan directamente a su actividad. Y es precisamente en ese contexto donde empiezan a aparecer tanto las posibilidades reales de la inteligencia artificial como sus límites.
De utilizar inteligencia artificial a saber dónde puede aportar valor
Uno de los primeros cambios que se produce cuando una organización empieza a comprender estas tecnologías es dejar de preguntarse únicamente qué puede hacer una determinada plataforma. La pregunta pasa a ser otra: ¿en qué parte de nuestro trabajo tiene sentido utilizar inteligencia artificial?
Ese cambio de perspectiva es fundamental. No todos los procesos necesitan IA. No todas las tareas deben automatizarse. Y no todos los problemas se resuelven construyendo un asistente.
Durante las jornadas se trabajó precisamente sobre esa diferencia. Antes de pensar en soluciones hay que comprender bien la tarea: qué información se utiliza, de dónde procede, qué resultado se espera, quién debe revisarlo y qué decisiones siguen dependiendo necesariamente de una persona.
Esta forma de trabajar desplaza el foco desde la herramienta hacia el proceso. Y es especialmente importante en organizaciones donde buena parte del conocimiento está distribuido entre documentos, hojas de cálculo, correos electrónicos, procedimientos, experiencia acumulada por los profesionales y sistemas que muchas veces no están conectados entre sí.
La oportunidad de la inteligencia artificial aparece cuando somos capaces de ordenar ese conocimiento y utilizarlo para apoyar tareas concretas.
El verdadero salto está en trabajar con contexto propio
Utilizar un modelo de inteligencia artificial para redactar un correo, resumir un documento o resolver una consulta puede aportar productividad individual. Pero el salto realmente interesante para una organización comienza cuando el sistema puede trabajar dentro de un contexto definido.
Ahí aparece la diferencia entre una conversación general con inteligencia artificial y un asistente especializado. Un asistente pensado para una cooperativa necesita saber cuál es su función, qué información puede utilizar, cuáles son sus fuentes de referencia, qué instrucciones debe seguir y, sobre todo, qué debe hacer cuando la información disponible no es suficiente.
Durante la formación se trabajaron conceptos como modelos de lenguaje, contexto, memoria, instrucciones y tratamiento de la información precisamente para comprender esta diferencia.
La conclusión es importante: un buen asistente no depende únicamente de tener un modelo más potente. Depende en gran medida de cómo se haya diseñado el entorno en el que trabaja.
Si las fuentes son incorrectas, si la documentación está desactualizada o si el proceso no está claramente definido, la inteligencia artificial puede producir una respuesta aparentemente convincente que no resulte útil para la organización. Por eso implantar IA también obliga a revisar cómo se gestiona el conocimiento interno.
La calidad de la información se convierte en una cuestión estratégica
Muchas organizaciones descubren algo cuando empiezan a trabajar seriamente con inteligencia artificial: buena parte del problema no está en la IA, sino en la forma en la que está organizada su información.
Documentos repartidos entre distintas ubicaciones. Versiones diferentes de un mismo archivo. Información que depende de una persona concreta. Procedimientos que se conocen por experiencia pero que apenas están documentados. Datos almacenados en formatos difíciles de relacionar entre sí.
Mientras una persona con años de experiencia puede reconstruir ese contexto, un sistema de inteligencia artificial necesita que determinadas relaciones sean explícitas. Eso convierte la gestión documental, la estructuración de la información y la definición de procedimientos en elementos directamente relacionados con la adopción de IA.
Durante las jornadas se trabajó con información procedente de distintos ámbitos habituales en una cooperativa, desde documentación técnica hasta información administrativa o agronómica, pero el aprendizaje de fondo era común: antes de pedir a un sistema que razone sobre la información de una organización, hay que asegurarse de que esa información puede ser comprendida, relacionada y contrastada.
La inteligencia artificial no elimina la necesidad de ordenar el conocimiento empresarial. En muchos casos, la hace todavía más evidente.
La IA debe ayudar a pensar, no ocultar la incertidumbre
Otro de los aspectos relevantes fue trabajar sobre situaciones en las que la información disponible no permite obtener inmediatamente una respuesta definitiva. Es especialmente importante en ámbitos técnicos.
Un sistema útil no debería limitarse a producir una conclusión. También debería ser capaz de distinguir entre información confirmada, hipótesis, datos que faltan y comprobaciones que todavía son necesarias.
Ese comportamiento cambia considerablemente la utilidad de un asistente. En lugar de actuar como una supuesta fuente infalible, puede convertirse en una herramienta que ayuda al profesional a ordenar un problema, localizar información relevante, plantear alternativas y preparar mejor una decisión.
El criterio profesional continúa siendo imprescindible. La inteligencia artificial puede reducir el tiempo necesario para analizar documentación, preparar un primer borrador o relacionar información dispersa, pero la validación sigue formando parte del proceso.
Esto resulta especialmente relevante en organizaciones donde una respuesta incorrecta puede tener consecuencias técnicas, administrativas, económicas o normativas.
De la productividad individual a la inteligencia organizativa
Existe además una diferencia importante entre utilizar IA de forma individual e incorporarla a una organización.
Cuando una persona utiliza ChatGPT, Claude, Gemini u otra plataforma para resolver una tarea puntual, el beneficio suele quedarse en esa persona. Cuando una empresa identifica un proceso, documenta cómo funciona y configura un sistema capaz de ayudar de manera consistente en determinadas tareas, el conocimiento empieza a convertirse en una capacidad compartida.
Ahí cambia la escala del problema. Ya no estamos hablando simplemente de productividad personal. Estamos hablando de cómo una organización puede hacer accesible su conocimiento, reducir determinados trabajos repetitivos, mejorar la preparación de información y facilitar que diferentes profesionales trabajen sobre una base común.
Y ese es uno de los escenarios más interesantes para las cooperativas. Muchas disponen de una enorme cantidad de conocimiento técnico y operativo acumulado durante años. Parte está documentado y parte permanece distribuido entre las personas que conocen profundamente la organización.
La inteligencia artificial ofrece nuevas formas de utilizar ese conocimiento, pero para hacerlo bien es necesario transformarlo primero en una infraestructura de información suficientemente organizada.
El papel de gerencia es diferente
La incorporación de inteligencia artificial tampoco puede quedar exclusivamente en manos de quienes utilizan las herramientas. Gerencia tiene otro problema que resolver.
Debe decidir dónde merece la pena invertir tiempo, qué procesos pueden beneficiarse realmente, qué información puede utilizarse, qué riesgos existen y cómo se supervisarán los resultados. Por eso una parte de las jornadas estuvo específicamente orientada a responsables de empresas y cooperativas.
Para un equipo directivo, conocer todas las funcionalidades de una plataforma es secundario. Lo importante es desarrollar criterio: saber distinguir entre una demostración atractiva y un caso de uso que puede aportar valor real, entender qué procesos están suficientemente maduros para empezar, determinar quién será responsable del sistema y establecer qué decisiones pueden apoyarse en IA y cuáles no deben delegarse.
Porque introducir inteligencia artificial en una organización no es únicamente una decisión tecnológica. También afecta a procesos, responsabilidades, conocimiento interno y formas de trabajar.
Empezar pequeño permite pensar en grande
Las tres jornadas también permitieron trasladar una idea especialmente relevante para cualquier organización que esté comenzando: no es necesario intentar transformar toda la cooperativa de una vez.
El punto de partida más razonable suele ser identificar un proceso concreto. Un proceso suficientemente frecuente como para que una mejora tenga impacto, suficientemente delimitado como para poder controlarlo y suficientemente conocido como para comparar el resultado antes y después de introducir inteligencia artificial.
A partir de ahí se puede documentar el funcionamiento actual, identificar la información necesaria, definir las reglas del asistente, establecer los controles y probarlo con situaciones reales. Solo después tiene sentido ampliar su alcance.
Este enfoque permite aprender mucho más que desplegar herramientas de forma generalizada desde el principio. Las propias jornadas mostraron que áreas muy diferentes de una cooperativa pueden compartir problemas similares: información dispersa, tareas repetitivas, documentación que debe revisarse o decisiones que requieren reunir múltiples fuentes. Pero cada proceso necesita sus propios datos, criterios y mecanismos de validación.
La inteligencia artificial como capacidad de la organización
Después de tres jornadas trabajando con profesionales y responsables de cooperativas, probablemente la conclusión más importante no tiene que ver con ninguna plataforma concreta.
La inteligencia artificial empieza a tener verdadero valor cuando deja de percibirse como una herramienta externa y comienza a integrarse en la forma en la que la organización trabaja con su conocimiento.
Eso exige tecnología, pero también exige procesos bien definidos, documentación adecuada, profesionales capaces de supervisar los resultados y una dirección que sepa priorizar dónde merece la pena aplicarla.
El futuro de la IA en las cooperativas no consiste en utilizar más herramientas. Consiste en construir mejores formas de trabajar con la información que ya poseen.
Y ese es el cambio que permite pasar de experimentar con inteligencia artificial a convertirla realmente en una capacidad de la organización.
¿Hablamos de tu cooperativa?
Las jornadas de COEXPHAL muestran cómo trabajamos: partimos de procesos reales y de la información que ya utiliza la organización. Si quieres analizar un proceso concreto, identificar oportunidades de IA o valorar una jornada o un piloto adaptado a tu cooperativa, puedes contactar directamente con Mike Mösch.
Mike Mösch, CDO de AIVERSO, está especializado en implantación de Inteligencia Artificial, agentes de IA, automatización y Business Process Management aplicado a empresas.
1. Usar IA no es implantar IA
Desde mi experiencia, cada vez más empresas y cooperativas han empezado a utilizar la Inteligencia Artificial como una herramienta de apoyo, muchas veces de forma todavía ocasional. Profesionales de gestión, responsables de departamento e incluso técnicos de campo trabajan ya simultáneamente con soluciones de OpenAI, Copilot, Gemini y, cada vez más, Claude.
Es un avance relevante porque las organizaciones están empezando a tomar conciencia de una diferencia fundamental: no es lo mismo utilizar ocasionalmente una herramienta de Inteligencia Artificial —y menos aún hacerlo mediante cuentas gratuitas o no corporativas— que implantar la IA como parte de la estructura cognitiva de una empresa.
No se trata de una distinción semántica ni teórica. Es una diferencia que he comprobado directamente en proyectos de implantación permanente y transversal de sistemas de IA destinados a asistir procesos de gestión, administración, análisis, decisión y, en el caso de las cooperativas agrarias, también determinados procesos técnicos y de campo.
Y el reto es considerable.
El uso individual tiene un impacto organizativo limitado
Todavía encontramos muchos profesionales que utilizan la IA para resolver necesidades concretas: redactar un documento, analizar determinada información, preparar una respuesta o aprender a construir mejores instrucciones y prompts. Son usos válidos, pero su impacto organizativo es necesariamente limitado.
Incluso ocurre algo especialmente significativo: una misma tarea se realiza unas veces con IA y otras sin ella. Esto provoca diferencias importantes en tiempos de ejecución, metodología y calidad del resultado. No existe todavía una forma de trabajo estable, sino una utilización dependiente de la iniciativa y del criterio individual de cada usuario.
Dónde empieza realmente la implantación
La implantación comienza precisamente cuando dejamos de considerar la IA como una iniciativa personal y empezamos a construir un sistema corporativo de trabajo: autorizado por la empresa, controlado, accesible para los perfiles que lo necesitan y diseñado para utilizarse de manera recurrente dentro de los procesos.
Si queremos que la Inteligencia Artificial aporte valor real a cada departamento o función, el objetivo ya no puede limitarse a «usar IA». Debemos preguntarnos dónde puede intervenir dentro del proceso para reducir tiempos de ejecución, disminuir tasas de error, mejorar la calidad y permitir realizar trabajos que, por coste, volumen de información o capacidad de análisis, hasta ahora simplemente no podían hacerse.
Esto exige un planteamiento de implantación completamente distinto.
Una organización puede tener decenas de empleados utilizando herramientas de IA —incluso algunas no autorizadas— y, sin embargo, mantener prácticamente intactos sus procesos de trabajo. El verdadero cambio empieza cuando una parte creciente de esos procesos cognitivos pasa a estar asistida de manera sistemática por sistemas de IA diseñados para la organización.
Ahí comienza, a mi juicio, la transformación empresarial asociada a la adopción integral de la Inteligencia Artificial.
Y probablemente ese sea hoy uno de los mayores retos: conseguir que las personas adopten estos sistemas, los incorporen de manera frecuente a su trabajo y lo hagan dentro de un marco corporativo controlado, autorizado y común para toda la organización.
IMPLANTACIÓN DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN EMPRESAS Y ORGANIZACIONES
2. La IA como activo empresarial
Cuando una empresa o cooperativa empieza a implantar Inteligencia Artificial de manera estructurada, cambia por completo el enfoque.
Ya no se trata de buscar «la mejor herramienta» para todo ni de permitir que cada profesional utilice por su cuenta aquello que considere más conveniente. El primer síntoma de una implantación real es mucho más concreto: la empresa dispone de un protocolo de uso de Inteligencia Artificial.
El protocolo de uso: el primer síntoma de una implantación real
Para mí, este punto es determinante.
Cuando existe un protocolo, significa que la organización ya ha tomado conciencia de dos cuestiones esenciales: de la oportunidad que representa la IA y, al mismo tiempo, de los riesgos asociados a su utilización.
Mientras ese protocolo no existe, normalmente tampoco existe una verdadera estructura alrededor de la IA. No hay criterios comunes, no hay herramientas autorizadas, no hay una política clara sobre qué información puede utilizarse, qué sistemas están permitidos ni cómo debe validarse el trabajo generado.
En la práctica, cada persona se busca la vida.
Y esto no es una hipótesis. En proyectos reales hemos encontrado profesionales que utilizan deliberadamente herramientas gratuitas con información corporativa porque la empresa no les proporciona una alternativa autorizada. Incluso conociendo los riesgos asociados al tratamiento de los datos.
Ahí aparece una contradicción importante.
La empresa puede creer que todavía «no está utilizando IA» porque no ha contratado ninguna solución corporativa, mientras parte de sus empleados ya la utilizan diariamente de manera informal, descontrolada y fuera de cualquier marco de gobierno.
Por tanto, el primer valor del protocolo no es burocrático.
Es organizativo.
Define qué sistemas pueden utilizarse, bajo qué condiciones, con qué tipos de información, qué responsabilidades tiene el usuario y qué controles deben aplicarse. En definitiva, convierte una práctica informal en una capacidad reconocida y gobernada por la empresa.
Del conocimiento personal al patrimonio operativo de la empresa
El segundo paso es igualmente importante: elegir un sistema corporativo de suscripción y convertirlo en el entorno habitual de trabajo asistido por IA.
A partir de ahí empieza a producirse algo que considero especialmente relevante: el conocimiento generado deja progresivamente de pertenecer únicamente a la persona que utiliza la herramienta.
Un profesional puede ser extraordinariamente competente utilizando un sistema de IA y obtener resultados excelentes. Pero si todo ese conocimiento reside exclusivamente en su forma personal de trabajar, la organización sigue dependiendo de él.
Cuando esa persona se marcha, gran parte de esa capacidad desaparece con ella.
La situación cambia cuando el trabajo se desarrolla dentro de cuentas corporativas, con asistentes, agentes, instrucciones, memorias, documentos y estructuras creadas específicamente para los procesos de la empresa.
Ese conjunto empieza a formar parte del patrimonio operativo de la organización.
Las memorias de los sistemas de IA tienen aquí un papel especialmente interesante. Un asistente corporativo que ha sido construido alrededor de un determinado puesto, proceso o departamento puede conservar instrucciones, contexto, documentación y formas de trabajo que permitan mantener una continuidad mucho mayor cuando cambia la persona que ocupa esa función.
Eso significa que parte del conocimiento deja de estar exclusivamente en la cabeza del profesional y comienza a permanecer también dentro de la infraestructura cognitiva de la empresa.
En AIVERSO trabajamos precisamente sobre esta transición: pasar de un uso aislado, individual, desestructurado y potencialmente peligroso a una capacidad cognitiva compartida por toda la organización.
Y cuando digo toda la organización, no me refiero únicamente a administración o dirección.
En una empresa productiva o en una cooperativa agraria, esta capacidad puede extenderse igualmente a operaciones, producción, compras, logística, calidad, mantenimiento o trabajo técnico de campo.
Una nueva clase de activo
A partir de ese momento aparece una nueva clase de activo.
Los asistentes y agentes creados para determinados procesos pueden inventariarse, mantenerse, actualizarse y reutilizarse.
Las instrucciones validadas dejan de ser simples prompts personales.
Los procedimientos asistidos por IA se convierten en formas de trabajo corporativas.
Y la organización empieza a acumular conocimiento operativo estructurado.
Por eso, llegado este punto, la cuestión ya no es qué licencia elegir.
La pregunta realmente importante es otra:
¿Cómo construimos una organización en la que las personas desarrollen sus capacidades profesionales trabajando de forma habitual con Inteligencia Artificial?
Ese es el verdadero salto.
Formar, implicar, motivar y activar el potencial humano para que cada profesional pueda analizar mejor, decidir mejor, ejecutar más rápido y acceder a mayores capacidades intelectuales gracias a sistemas de IA incorporados de manera estable a su trabajo.
Cuando eso ocurre, la Inteligencia Artificial deja de ser una herramienta externa.
Empieza a convertirse en un activo empresarial.
3. El enfoque inverso: implantar IA desde los procesos de negocio
Nuestro enfoque de implantación parte deliberadamente en sentido inverso al que todavía utilizan muchas organizaciones.
No empezamos preguntando qué herramienta de Inteligencia Artificial debería utilizar la empresa, qué modelo es mejor o qué agente podemos construir.
Empezamos por los procesos.
La pregunta inicial es mucho más exigente: ¿cómo funciona realmente la empresa, qué procesos sostienen su actividad y dónde se concentra hoy el mayor coste operativo, la mayor lentitud y la mayor dependencia de trabajo manual?
A partir de ahí, la Inteligencia Artificial deja de ser el punto de partida y pasa a convertirse en una capacidad que incorporamos allí donde puede producir una mejora concreta.
Tres componentes: tareas, comunicaciones y decisiones
Este enfoque procede directamente de la gestión de procesos de negocio. Antes de implantar IA necesitamos identificar cómo se ejecuta el trabajo, qué tareas lo componen, qué comunicaciones lo hacen avanzar y qué decisiones determinan su resultado.
En nuestra metodología distinguimos precisamente tres grandes componentes.
Por una parte, los procesos impulsados por tareas: actividades que una persona debe ejecutar, revisar, registrar, comparar, clasificar, redactar o transformar para que el proceso avance.
Por otra, los procesos impulsados por comunicaciones, tanto internas como externas: correos, solicitudes, incidencias, consultas, intercambios documentales, coordinación entre departamentos, relaciones con clientes, proveedores, socios o administraciones.
Y finalmente, los procesos impulsados por decisiones: situaciones en las que el valor no reside únicamente en ejecutar una tarea, sino en interpretar información, comparar alternativas, aplicar criterios y decidir qué debe hacerse a continuación.
Esta diferenciación es importante porque la IA no genera el mismo valor en los tres casos ni debe implantarse de la misma manera.
No existe una arquitectura de procesos única
El segundo elemento del enfoque consiste en entender que tampoco existe una arquitectura de procesos idéntica para todas las organizaciones.
Empresa productiva
En una empresa productiva, una parte fundamental del valor se encuentra en la coordinación entre administración, compras, planificación, producción, logística, mantenimiento, calidad y atención al cliente. El proceso no termina cuando una tarea administrativa está resuelta. Lo relevante es cómo cada una de esas funciones contribuye a que el producto avance hasta su entrega.
Por eso, además de analizar procesos departamentales, observamos especialmente el proceso transversal principal: desde que entra un pedido hasta que se produce la entrega.
Ese tiempo total es uno de los indicadores más importantes porque refleja la capacidad real de ejecución de la organización.
Empresa de servicios
En una empresa de prestación de servicios, la lógica es distinta.
El principal flujo puede comenzar con la entrada de una solicitud, una oportunidad comercial o una petición de oferta y terminar con la elaboración, validación y entrega de una propuesta o con la prestación efectiva del servicio.
Aquí adquieren un peso mucho mayor el análisis de información, la preparación documental, las comunicaciones, la coordinación interna y la toma de decisiones profesionales.
Por tanto, uno de nuestros indicadores principales pasa a ser el tiempo transcurrido desde la solicitud de oferta hasta la entrega de la propuesta, además del tiempo necesario posteriormente para ejecutar el servicio contratado.
Cooperativa agraria
Las cooperativas agrarias requieren una tercera lectura.
En ellas diferenciamos claramente dos realidades que conviven dentro de una misma organización.
La primera corresponde a los procesos de gestión y gobernanza de la cooperativa: administración, socios, compras, comercialización, ayudas, documentación, consejos rectores, cumplimiento, calidad o gestión económica.
La segunda corresponde al trabajo técnico vinculado al campo: seguimiento de explotaciones, asistencia al socio, campañas, incidencias, interpretación de información técnica, planificación y decisiones agronómicas.
Intentar aplicar exactamente el mismo modelo de implantación a ambas áreas sería un error. Los procesos, la información disponible, el entorno de trabajo y las decisiones que deben asistir los sistemas de IA son diferentes.
Por eso el enfoque inverso obliga primero a comprender la estructura operativa de cada tipo de organización y solo después decidir dónde tiene sentido introducir Inteligencia Artificial.
Medir la implantación: los cinco KPI
El objetivo final no es aumentar el número de herramientas utilizadas.
Es reducir de manera verificable el coste y el esfuerzo necesario para ejecutar los procesos.
En algunos proyectos hemos observado reducciones muy significativas en el coste estructural asociado a determinadas funciones o departamentos, llegando en situaciones concretas a rangos del 50 % al 70 %. Son resultados que dependen completamente del proceso de partida, del volumen de trabajo, del grado de repetición y de la capacidad real de automatización, por lo que no deben interpretarse como una expectativa generalizable.
Precisamente por eso medimos la implantación mediante indicadores de proceso y no mediante impresiones sobre productividad.
Nuestro análisis se articula alrededor de cinco KPI principales.
El primero es la reducción del tiempo de ejecución de cada proceso intervenido.
El segundo es la reducción del tiempo del proceso transversal principal de la organización, especialmente pedido-entrega en empresas productivas y solicitud de oferta-entrega de propuesta en empresas de servicios.
Los restantes indicadores deben medir igualmente dimensiones verificables del rendimiento operativo: coste, calidad, capacidad y resultado. Su definición concreta depende del proceso que se esté interviniendo y de la información disponible en cada organización.
Este punto es esencial.
La implantación de IA no debería comenzar construyendo un agente y buscando después dónde utilizarlo.
Debería comenzar identificando un proceso cuyo rendimiento queremos mejorar, definiendo el indicador que queremos modificar y determinando después qué combinación de personas, conocimiento, automatización e Inteligencia Artificial permite conseguirlo.
Ese es el enfoque inverso.
Primero el proceso. Después el resultado esperado. Y solo entonces, la Inteligencia Artificial necesaria para alcanzarlo.
4. Mi papel como CDO de AIVERSO y AI TenderX
Mi trabajo como Chief Digital Officer de AIVERSO y AI TenderX se concentra en un objetivo muy concreto: conseguir que la Inteligencia Artificial deje de ser una posibilidad tecnológica y se convierta en una capacidad operativa real dentro de las organizaciones.
Mi especialización se encuentra precisamente en ese punto de encuentro entre Inteligencia Artificial generativa, agentes de IA, Business Process Management y transformación empresarial.
No trabajo la IA como una disciplina aislada del funcionamiento de la empresa. La abordo desde los procesos de negocio y desde las actividades cognitivas que contienen: analizar información, interpretar documentos, redactar, comparar, clasificar, preparar decisiones, comunicar, comprobar, planificar o coordinar.
Son precisamente esas tareas las que, cuando se repiten diariamente en diferentes departamentos y funciones, terminan representando una parte considerable del coste estructural de una organización.
El punto de partida: identificar cómo se trabaja realmente
Por eso mi punto de partida es siempre el mismo: identificar cómo se trabaja realmente.
Analizamos los procesos de cada función departamental, detectamos aquellos que concentran mayor volumen de trabajo, mayor repetición, mayor coste o mayor valor profesional y determinamos dónde la asistencia mediante Inteligencia Artificial puede producir una mejora suficientemente relevante como para justificar su implantación.
A partir de ese diagnóstico se priorizan los casos de uso, se construye un roadmap de implantación y se determina qué capacidades deben desarrollarse: asistentes especializados, agentes de IA, sistemas de conocimiento, automatizaciones o nuevas formas de ejecutar determinados procesos.
Pero la tecnología representa únicamente una parte del trabajo.
La otra consiste en establecer un modelo de gobierno que determine cómo se utiliza la IA, con qué sistemas, bajo qué responsabilidades y con qué mecanismos de control. Una organización no puede pretender extender la Inteligencia Artificial de forma transversal sin establecer previamente unas reglas claras sobre seguridad, datos, validación, supervisión y responsabilidad humana.
Entornos de aplicación
Mi actividad profesional se concentra actualmente en varios entornos donde este planteamiento tiene una aplicación especialmente directa.
Empresas productivas: trabajamos sobre los procesos que conectan gestión, planificación, compras, producción, logística, mantenimiento, calidad y atención al cliente.
Empresas de servicios de alto valor, como ingenierías, compañías de transporte y otras organizaciones intensivas en conocimiento: la oportunidad se encuentra especialmente en acelerar análisis, preparación documental, coordinación, comunicaciones y toma de decisiones profesionales.
Cooperativas agrarias: requieren además una visión específica que combine los procesos administrativos y de gobernanza con el trabajo técnico desarrollado sobre el terreno.
Empresas licitadoras (AI TenderX): aplicamos esta misma lógica a las empresas que participan habitualmente en licitaciones públicas, donde el volumen documental, los plazos, la necesidad de analizar información y la coordinación de múltiples profesionales convierten la Inteligencia Artificial en una capacidad especialmente relevante.
Esta forma de trabajar se apoya en una trayectoria profesional de aproximadamente tres décadas asesorando a organizaciones en España y en una formación académica desarrollada alrededor de la gestión empresarial, la transformación digital, el Business Process Management y la Inteligencia Artificial. A ello se suma una actividad continuada de formación y asesoramiento in company, que permite observar directamente cómo adoptan estas tecnologías profesionales, equipos directivos y organizaciones con niveles de madurez muy diferentes.
La dificultad principal no está en la tecnología
Sin embargo, después de muchos proyectos, considero que la dificultad principal de una implantación de IA rara vez está en la tecnología.
Está en las personas.
Podemos disponer de buenos modelos, agentes perfectamente diseñados y procesos técnicamente preparados. Si los profesionales no incorporan esos sistemas a su trabajo habitual, la implantación no existe.
Por eso, una parte fundamental de mi trabajo consiste en desarrollar las capacidades de adopción de la organización: conocimiento, habilidades y actitudes frente a la Inteligencia Artificial.
Las personas necesitan comprender qué pueden hacer con estos sistemas, aprender a utilizarlos correctamente y, sobre todo, desarrollar el hábito de incorporarlos a su trabajo cuando realmente mejoran el proceso.
La implantación efectiva se produce cuando la organización consigue unir tres elementos: procesos correctamente seleccionados, sistemas de IA adecuadamente diseñados y personas capaces y dispuestas a utilizarlos de manera habitual.
Ese es el núcleo de mi trabajo como CDO: convertir esas tres piezas en una transformación empresarial medible.
5. Los resultados que se persiguen: adopción, velocidad y capacidad de decisión
El resultado estratégico que perseguimos no es que una empresa «tenga Inteligencia Artificial».
Es que las personas la adopten.
Adopción, adopción y adopción.
Porque cuando la IA se incorpora de verdad al trabajo cotidiano de los profesionales, empiezan a aparecer los resultados que justifican toda la inversión realizada en tecnología, formación, gobierno y rediseño de procesos.
Mi lema en este sentido es muy sencillo: deja de trabajar manualmente.
No significa eliminar el trabajo humano ni sustituir el criterio profesional. Significa dejar de dedicar capacidad intelectual a tareas cognitivas que un sistema de IA puede asistir, acelerar, preparar o revisar de manera mucho más eficiente.
Esto afecta a prácticamente todos los departamentos de una organización: administración, finanzas, compras, comercial, recursos humanos, calidad, legal, planificación, operaciones o atención al cliente. Y también a producción o al trabajo técnico de campo cuando hablamos de empresas y cooperativas agrarias.
Primer resultado: recuperar tiempo
El primer resultado que buscamos es, por tanto, recuperar tiempo.
Reducir de manera sustancial el trabajo manual asociado a analizar documentos, buscar información, preparar informes, comparar datos, redactar comunicaciones, clasificar incidencias, elaborar propuestas, revisar expedientes o preparar decisiones.
No se trata únicamente de hacer lo mismo más rápido.
Se trata de hacerlo con menor dedicación, menor esfuerzo cognitivo y mayor capacidad de respuesta.
Segundo resultado: mejorar la calidad de ejecución
El segundo resultado es mejorar la calidad de ejecución.
La Inteligencia Artificial no debe utilizarse exclusivamente para generar un resultado. Puede intervenir también en su revisión.
Un sistema puede redactar un documento y otro proceso de IA puede comprobarlo, contrastarlo con determinados criterios, detectar incoherencias, identificar ausencias o señalar elementos que requieren validación humana.
Esto abre una posibilidad especialmente importante para las empresas: reducir de forma considerable la tasa de error en determinados procesos intelectuales y documentales.
No porque la IA sea infalible —no lo es—, sino porque permite incorporar revisiones adicionales que, por tiempo o coste, muchas veces no podían realizarse manualmente.
Tercer resultado: acceso al conocimiento
El tercer resultado tiene que ver con el acceso al conocimiento.
Durante décadas, muchas capacidades dentro de las organizaciones han estado condicionadas por una limitación muy concreta: una persona no podía utilizar aquello que no sabía.
La IA modifica parcialmente esa barrera.
Un profesional puede acceder con mucha más rapidez a conocimiento técnico, documentación interna, procedimientos, datos históricos o criterios que antes requerían localizar a otra persona, consultar múltiples sistemas o invertir horas de búsqueda y análisis.
Esto no convierte automáticamente a nadie en especialista.
Pero sí permite que muchos profesionales trabajen con una capacidad de acceso al conocimiento muy superior a la que tenían anteriormente.
Y esa ampliación de capacidades puede generar incluso nuevas oportunidades de negocio: analizar más información, atender solicitudes antes inviables, preparar propuestas con mayor rapidez, personalizar servicios o abordar trabajos que anteriormente no resultaban rentables por el volumen de esfuerzo necesario.
Cuarto resultado: mejorar la capacidad de decisión
El cuarto resultado es mejorar la capacidad de decisión.
Este aspecto es especialmente relevante para dirección.
Hasta ahora, en muchas organizaciones, disponer de determinada información requería solicitar un informe, esperar a que alguien extrajera datos del ERP, preparar un Excel, construir un cuadro de mando y finalmente interpretar los resultados.
La Inteligencia Artificial está reduciendo progresivamente esa distancia entre el dato y la decisión.
Un directivo puede trabajar con información procedente de sus sistemas corporativos, estructurarla, analizarla y construir cuadros de mando adaptados a la decisión que necesita tomar en ese momento.
No estamos hablando únicamente de visualizar datos.
Estamos hablando de Business Intelligence asistido por Inteligencia Artificial: disponer con mayor rapidez de indicadores, detectar desviaciones, formular preguntas sobre los datos, comparar escenarios y convertir información dispersa en argumentos para decidir.
Esto mejora algo que considero crítico: el tiempo que transcurre entre detectar una situación y actuar sobre ella.
Time to Execute y Time to Market
Y aquí aparecen dos indicadores estratégicos que utilizamos con especial atención.
Por una parte, el Time to Execute: cuánto tarda la organización en convertir una necesidad, una decisión o una solicitud en una acción realmente ejecutada.
Por otra, el Time to Market: cuánto tarda en conseguir que una nueva propuesta, servicio, producto u oportunidad llegue efectivamente al mercado o al cliente.
La Inteligencia Artificial puede reducir ambos cuando se implanta dentro de los procesos adecuados.
Y probablemente ahí se encuentre uno de los mayores valores económicos de la implantación: el tiempo recuperado por la organización.
Una empresa capaz de analizar antes, decidir antes, preparar antes, ejecutar antes y responder antes dispone de una ventaja operativa evidente.
Además, esta mejora tiene una consecuencia directa sobre la estructura de costes.
Si la organización aumenta su capacidad de ejecución sin necesidad de incrementar proporcionalmente su estructura humana, puede absorber mayor volumen de actividad, crecer o mejorar su servicio sin reproducir automáticamente los costes anteriores.
El objetivo, por tanto, no es reducir personas.
Es evitar que el crecimiento de la actividad obligue necesariamente a aumentar de forma lineal la estructura administrativa, técnica o de gestión.
Finalmente, existe un resultado que a veces se mide menos, pero que también es relevante: la percepción de quien recibe el trabajo.
Clientes, socios, proveedores o usuarios finales reciben respuestas más rápidas, documentación mejor estructurada, mayor capacidad de seguimiento y, potencialmente, resultados de mayor calidad.
Al final, todos estos efectos convergen en una misma idea:
una organización que adopta realmente la Inteligencia Artificial puede trabajar con mayor velocidad, menor esfuerzo, menos errores, mejor acceso al conocimiento y mayor capacidad de decisión.
Y cuando esa adopción se extiende de forma transversal, el impacto deja de ser individual.
Se convierte en rendimiento empresarial.
6. La cuestión clave: no qué herramienta comprar, sino qué capacidad y por ende activo queremos construir
La pregunta que hoy debería hacerse una empresa en España no es qué herramienta de Inteligencia Artificial va a contratar.
Tampoco si necesita una cuenta para cinco personas, veinte licencias o una solución concreta para un departamento.
La pregunta estratégica es otra:
¿Qué procesos de negocio queremos impulsar para aumentar nuestra capacidad productiva con menor coste estructural, menos errores y una mejor respuesta al cliente?
Ese cambio de pregunta modifica completamente la conversación.
Porque cuando una organización parte de la herramienta, termina hablando de licencias, usuarios, funcionalidades y precios.
Cuando parte del proceso, empieza a hablar de capacidad de ejecución.
Y eso es lo verdaderamente importante.
La Inteligencia Artificial tiene sentido empresarial cuando permite que una organización pueda gestionar más actividad con la misma estructura, ejecutar determinados procesos en menos tiempo, reducir errores, mejorar la calidad de los resultados y responder antes a clientes, socios, proveedores o usuarios.
Por tanto, el objetivo no debería ser «tener IA».
Debería ser aumentar la capacidad productiva de la empresa utilizando IA de forma transversal, gobernada y medible.
Los activos digitales empresariales
Aquí aparece además un cambio que considero especialmente relevante para la propiedad y la dirección de las organizaciones.
Los agentes digitales, asistentes especializados, instrucciones corporativas, memorias, bases de conocimiento y sistemas de IA que se desarrollan dentro de la empresa dejan de ser simples configuraciones técnicas.
Empiezan a convertirse en activos digitales empresariales.
Forman parte de la capacidad real de ejecución de la organización.
Un agente especializado en compras, calidad, licitaciones, atención al cliente, análisis financiero o soporte técnico puede incorporar conocimiento, criterios, procedimientos e instrucciones que antes dependían exclusivamente de una persona.
Ese activo puede mantenerse, mejorarse, auditarse, transferirse y reutilizarse.
Y eso tiene valor.
No porque sustituya al profesional, sino porque amplía su capacidad.
Human in the loop
Este punto es fundamental.
La empresa que queremos construir no es una organización en la que la Inteligencia Artificial toma decisiones de manera autónoma y las personas desaparecen del proceso.
El modelo que defendemos mantiene siempre un human in the loop.
La IA puede analizar, preparar, revisar, comparar, proponer, generar o detectar.
Pero la responsabilidad sobre las decisiones relevantes continúa siendo humana.
Precisamente ahí se encuentra una de las mayores oportunidades.
No utilizar personas para ejecutar manualmente cada paso intelectual de un proceso, sino reservar su capacidad para aquello donde realmente aporta valor: criterio, experiencia, validación, decisión, negociación, creatividad y responsabilidad.
Qué trabajo cognitivo manual debe desaparecer
Por eso considero que el horizonte no debería formularse como la eliminación absoluta de todo trabajo intelectual manual.
Eso no sería realista ni deseable.
El objetivo es mucho más concreto: eliminar progresivamente todo trabajo cognitivo manual que no aporte valor diferencial y que pueda ser asistido de forma fiable por Inteligencia Artificial.
Buscar información.
Clasificar documentación.
Comparar versiones.
Preparar borradores.
Extraer datos.
Estructurar informes.
Revisar determinados criterios.
Preparar análisis preliminares.
Transformar información de un formato a otro.
Todas estas actividades pueden consumir cientos o miles de horas dentro de una organización sin que necesariamente requieran utilizar de forma permanente el nivel más alto de capacidad profesional de las personas que las realizan.
La Inteligencia Artificial permite empezar a recuperar ese tiempo.
Y cuando esto se aplica de manera sistemática sobre procesos completos, la empresa puede incrementar de forma muy relevante su capacidad de ejecución.
No es responsable afirmar que cualquier organización vaya a duplicar o triplicar automáticamente su productividad. Dependerá del proceso, de su situación inicial, del volumen de trabajo manual y de la calidad de la implantación.
Pero ese debe ser precisamente el objetivo de gestión: identificar los procesos donde existe potencial suficiente para producir incrementos sustanciales de capacidad sin aumentar proporcionalmente la estructura.
Dónde aparece el retorno
Ahí empieza a aparecer el retorno.
Más producción.
Menor coste estructural por unidad de trabajo.
Menor tasa de error.
Menor tiempo de ejecución.
Mejor acceso al conocimiento.
Mejor capacidad de decisión.
Y una experiencia más rápida y consistente para el cliente.
Por eso, cuando una empresa nos pregunta por dónde empezar, mi recomendación no comienza por una herramienta.
Comienza con una pregunta:
¿Cuál es hoy uno de los procesos que más tiempo, esfuerzo o coste consume en vuestra organización y qué ocurriría si pudiéramos ejecutarlo de una forma sustancialmente mejor asistida por Inteligencia Artificial?
Esa conversación es mucho más valiosa que decidir entre dos plataformas.
Porque el verdadero valor de la Inteligencia Artificial no aparece cuando una empresa empieza a utilizar herramientas de IA.
Aparece cuando consigue convertirlas en una capacidad empresarial gobernada que multiplica su capacidad de ejecución.
Ese es el cambio que debemos empezar a medir.
Y ese es, para nosotros, el verdadero punto de partida de una implantación de Inteligencia Artificial.
Hablemos de lo que vuestra empresa puede hacer con IA
Si este artículo te ha hecho plantearte cómo podría tu empresa, cooperativa o proyecto aumentar su capacidad productiva, reducir trabajo manual y empezar a transformar sus procesos cognitivos con Inteligencia Artificial, estaré encantado de intercambiar impresiones contigo.
No se trata de hablar de herramientas por hablar, sino de identificar dónde puede estar el verdadero potencial de mejora: procesos de gestión, administración, producción, operaciones, campo, análisis, decisión o relación con clientes.
Puedes contactar conmigo directamente en mikemosch@aiverso.com, a través de AIVERSO.com o mediante mi perfil de LinkedIn, Mike Mösch.
Sin compromiso y con un planteamiento muy sencillo: analizar dónde se está consumiendo hoy tiempo, esfuerzo y capacidad humana, y valorar qué parte de ese trabajo puede empezar a ejecutarse de una forma más ágil, estructurada y asistida por IA.
Mi objetivo es claro: dejar atrás, progresivamente, el trabajo manual en aquellos procesos intelectuales que ya pueden ser impulsados por Inteligencia Artificial y reservar el talento humano para donde realmente aporta criterio, experiencia y decisión.
La Oficina Acelera Pyme de Cooperativas Agroalimentarias de Almería continúa impulsando la transformación digital del sector agroalimentario mediante nuevas jornadas y talleres centrados en la aplicación práctica de la Inteligencia Artificial en cooperativas, empresas y actividades profesionales vinculadas al campo.
Dentro de esta programación, AIVERSO participará en tres sesiones dirigidas a gerentes, personal administrativo, técnicos de cooperativas, profesionales agrarios y especialistas relacionados con la gestión y el trabajo técnico en el sector agroalimentario.
Una primera aproximación al ecosistema de soluciones de IA
La primera sesión tendrá lugar el 17 de agosto, de 9:00 a 10:30 horas, en formato online, bajo el título “Ecosistema de soluciones de Inteligencia Artificial para las cooperativas agrarias”.
La jornada será impartida por Mike Mösch, CDO de AIVERSO y AI TenderX, y ofrecerá una visión práctica de las principales herramientas de IA generativa disponibles actualmente y de sus posibles aplicaciones en el entorno cooperativo.
El objetivo será analizar cómo estas tecnologías pueden ayudar a:
Reducir tareas administrativas repetitivas.
Mejorar la gestión documental.
Agilizar la elaboración de informes.
Analizar información con mayor rapidez.
Facilitar la toma de decisiones.
Mejorar la productividad de los equipos.
La sesión servirá como punto de partida para comprender que la Inteligencia Artificial no debe abordarse únicamente como una herramienta aislada, sino como un nuevo sistema de apoyo al trabajo profesional.
Asistentes y agentes de IA para la gestión administrativa
La segunda participación de AIVERSO se desarrollará el 23 de septiembre, dentro de la Semana de la IA para pymes impulsada por Red.es y la Red de Oficinas Acelera Pyme.
En este caso, se tratará de un taller práctico presencial centrado en el uso de asistentes y agentes de Inteligencia Artificial en la gestión administrativa de las cooperativas agrarias.
Durante la sesión se mostrarán ejemplos relacionados con la creación de asistentes especializados para trabajar con documentación, redactar comunicaciones, analizar información, organizar conocimiento y apoyar tareas habituales de administración y gestión.
El propósito será que los participantes puedan identificar qué actividades de su día a día pueden ser asistidas por IA y cómo diseñar sistemas de trabajo más ágiles, consistentes y controlables.
IA generativa para informes técnicos y trabajo de campo
La tercera sesión tendrá lugar el 24 de septiembre, en formato online, y estará enfocada en la aplicación de estas tecnologías a los trabajos técnicos y agronómicos de campo.
Se abordarán casos prácticos relacionados con la elaboración de informes, la organización de la información obtenida durante visitas técnicas, el análisis de explotaciones agrarias y la transformación de notas, documentos y observaciones en resultados estructurados.
Este enfoque puede ser especialmente útil para ingenieros agrónomos, ingenieros técnicos agrícolas, técnicos de campo, responsables de producción, profesionales de certificación y otros perfiles vinculados al asesoramiento y seguimiento técnico de explotaciones.
De conocer herramientas a construir sistemas de trabajo
Estas tres sesiones reflejan una misma idea: la IA generativa puede aportar valor en el sector agroalimentario cuando se aplica sobre tareas, documentos, decisiones y comunicaciones reales.
No se trata únicamente de conocer qué herramientas existen, sino de aprender a utilizarlas con método, supervisión humana, seguridad y criterios profesionales.
En una cooperativa o empresa agroalimentaria, esto puede traducirse en sistemas de apoyo para:
Gestionar documentación administrativa y técnica.
Consultar normativa, ayudas y requisitos.
Preparar informes de campo.
Organizar el conocimiento interno.
Atender consultas y comunicaciones.
Revisar documentación de calidad y sostenibilidad.
Analizar información procedente de diferentes fuentes.
La formación y el acompañamiento son elementos esenciales para que la incorporación de la IA no se limite a usos puntuales, sino que pueda integrarse progresivamente en la forma habitual de trabajar de los equipos.
Una oportunidad para seguir avanzando
Las personas interesadas en conocer las posibilidades de la Inteligencia Artificial aplicada al sector agroalimentario podrán participar en estas sesiones organizadas por la Oficina Acelera Pyme de Cooperativas Agroalimentarias de Almería.
Quienes quieran profundizar posteriormente en el diseño e implantación de asistentes, agentes y sistemas profesionales de trabajo con IA generativa podrán acceder también a programas especializados de AIVERSO, orientados a cooperativas, empresas agroindustriales, ingenieros agrónomos, técnicos agrícolas, profesionales de certificación y otros perfiles vinculados al sector.
El objetivo final es claro: ayudar a los profesionales del sector agroalimentario a reducir trabajo manual, mejorar la calidad de sus resultados y utilizar la Inteligencia Artificial como una capacidad profesional integrada en su actividad.
Agentes de IA y Aprendizaje por Refuerzo. La Clave para Construir Autonomía Real en la Nueva Generación de Sistemas Inteligentes.
Por Mike Mösch, CDO de AIVERSO
La inteligencia artificial ya no es solo un ejercicio de predicción. Está empezando a pensar, decidir y actuar. Pero, ¿qué desbloquea esa evolución? ¿Qué permite a un sistema pasar de responder preguntas a hacer cosas en el mundo real, con autonomía y criterio?
La respuesta, aunque muchos aún no la han asumido, es clara: aprendizaje por refuerzo (Reinforcement Learning, RL).
De modelos que completan texto a agentes que toman decisiones
Durante la última década, el desarrollo de modelos de lenguaje (LLMs) ha transformado la interacción entre humanos y máquinas. Pero estos modelos, incluso los más avanzados, siguen siendo reactivos: esperan una instrucción, completan una frase, dan una respuesta.
Como explica Will Brown, investigador de aprendizaje automático en Morgan Stanley, estamos atrapados entre dos mundos:
Por un lado, los chatbots y reasoners, excelentes para tareas conversacionales y resolución de problemas interactivos.
Por otro, la ambición de construir agentes reales, capaces de ejecutar procesos largos, complejos y sostenibles en el tiempo.
Pasar del modelo predictivo al agente proactivo es un desafío que la industria aún no ha resuelto… pero que está empezando a entender.
¿Qué es realmente un agente?
No es un pipeline. No es un flujo de trabajo bien estructurado.
Un agente es un sistema que tiene un objetivo, un entorno donde actuar, capacidad de memoria, de toma de decisiones, de adaptación y de mejora a lo largo del tiempo.
Ese tipo de inteligencia no se programa paso a paso. Se entrena. Se refuerza. Se moldea a través de la experiencia.
Y ahí es donde entra el RL.
El aprendizaje por refuerzo no es nuevo. Pero ahora es urgente.
Brown lo deja claro: la IA generativa basada en LLMs ya está mostrando rendimientos decrecientes en escalabilidad con el enfoque tradicional de preentrenamiento y fine-tuning. El RL es, según él, la vía que puede desbloquear capacidades reales de agencia.
¿Por qué?
Porque permite algo que los datos estáticos no ofrecen: exploración activa, retroalimentación continua y mejora sostenida.
El RL le enseña al agente no solo a hacer lo que se le pide, sino a entender por qué ciertas decisiones funcionan mejor que otras. No necesita datos curados. Aprende de su propia experiencia, como haría un humano al enfrentarse a un entorno nuevo.
Más allá del RLHF ¿cómo diseñamos agentes que aprenden solos?
Hasta ahora, la industria ha avanzado con enfoques como RLHF (Reinforcement Learning from Human Feedback), útil para suavizar chatbots y hacerlos «agradables». Pero eso no basta para construir inteligencia operativa real.
Brown sugiere una vía más ambiciosa:
Crear entornos interactivos donde los agentes se enfrenten a desafíos.
Definir rúbricas de evaluación, no solo para validar la respuesta, sino para medir el proceso cognitivo (¿siguió el formato correcto? ¿hizo los pasos intermedios?).
Utilizar modelos como r1 de DeepSeek, que implementan RL puro con generación de datos sintéticos, puntuación de resultados y selección reforzada.
Esto no es teoría: ya hay experimentos reales, como el modelo llama 1B, ejecutando tareas matemáticas complejas con recompensas definidas por humanos. Y el resultado no es una simple mejora de precisión: es la emergencia de cadenas de razonamiento más largas, sofisticadas y transferibles.
La ingeniería de IA entra en su segunda era
Olvídate del fine-tuning clásico como única solución. La nueva ingeniería de IA se basa en tres elementos:
Diseño de entornos de aprendizaje
Creación de rúbricas dinámicas (ingeniería de recompensas)
Monitorización de decisiones en tiempo real
Esto transforma al ingeniero de IA en un diseñador de sistemas cognitivos. Al igual que en la educación humana, no basta con saber la respuesta. Hay que enseñar cómo pensar, cómo evaluar y cómo adaptarse.
¿Y qué hay del negocio?
Todo esto no es una discusión académica. Las implicaciones para la industria son enormes:
Procesos más largos y complejos pueden ser automatizados con lógica agentiva.
Los sistemas de atención, back-office y licitaciones públicas pueden reestructurarse en torno a entornos interactivos que los modelos exploran, entienden y dominan.
El coste de no integrar RL en el ciclo de ingeniería de agentes puede ser similar al de no haber adoptado el software en los 90.
La oportunidad es clara: quien domine el RL en entornos reales dominará el futuro de la IA empresarial.
Un llamado a la comunidad open source
Brown señala que aún no existen las infraestructuras necesarias para que cualquier empresa pueda integrar agentes RL fácilmente. Las APIs actuales son limitadas, los entornos son frágiles y los frameworks aún inmaduros. Pero esto es exactamente lo que hace al momento tan interesante.
Existe una oportunidad masiva para construir plataformas, entornos y herramientas que habiliten esta nueva generación de agentes.
Desde AIVERSO estamos observando, explorando y construyendo hacia esa dirección.
No se trata de hacer mejores prompts. Se trata de construir mentes artificiales.
El futuro no pertenece a quien escriba mejores instrucciones para modelos de lenguaje.
Pertenece a quien entienda cómo entrenar agentes con experiencia, entorno y retroalimentación. A quien sepa cómo diseñar ecosistemas donde la IA no solo hable… sino actúe, aprenda y mejore.
Y ese futuro —más autónomo, más adaptativo, más poderoso— pasa inevitablemente por el aprendizaje por refuerzo.
¡La implementación agentiva ya comenzó!
¿Estás listo para construir en ella?
Formación aplicada: cómo adaptarse al nuevo marco
Si eres parte de una empresa que opera con IA o una administración pública que busca automatizar procesos sensibles como licitaciones, control de subvenciones o evaluación documental, necesitas dominar la IA no solo para optimizar, sino para liderar eficazmente.
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Si el Alumno decide abandonar el Programa o cancelar el contrato de matrícula después del período de desistimiento, NO se devolverá el importe pagado.
Garantía de Reembolso en Modalidad Presencial.
En caso de que, por fuerza mayor, el Alumno se viera en la necesidad de no iniciar las clases del Programa, podrá solicitar en el plazo máximo de las setenta y dos (72 horas) previas antes de la fecha oficial de inicio del Programa, la devolución del importe efectivamente abonado a IACI, mediante la remisión de una comunicación en tal sentido al correo electrónico: info@IACI.es. En este caso, el IACI reintegrará al Alumno el importe íntegro de la cantidad pagada en concepto de pago del Programa.
Si el Alumno decide abandonar el Programa o cancelar el contrato de matrícula una vez comenzado, NO se devolverá el importe pagado.
Conoce Todos los Detalles del Programa
Mike Mösch
Economista y Experto en Tecnología Educativa, así como en Tecnologías de Automatización para la automatización de Procesos con Inteligencia Artificial, BPA y Bots del RPA.
Actualmente:
CEO de AIVERSO, Agencia de Inteligencia Artificial para la Automatización de procesos con IA.
Formador de IA para Gestores de Empresas, Docentes, Coaches, Profesionales del Marketing Digital y RRSS, así como de Comercio Exterior.
Director académico del Programa de: Actualización Directiva en Inteligencia Artificial y tecnologías de Automatización.
Anteriormente:
Director del Instituto Alemán de Cooperación e Innovación. (8 años)
Director del IACI – Instituto Alemán de Comercio Internacional. (10 años)
Director Gerente del Colegio Alemán de Sevilla. (1 año)
Director de Marketing Internacional de: Nike Sport Cosmetics. (3 años)
Formación:
Massachusetts Institute of Technology (MIT) USA. Certificación en ‘Digital Transformation, Technologies and their practical applications’.
Máster universitario en Business Process Management (BPM) para la transformación digital.
Máster universitario en Tecnología educativa y Competencias digitales.
Máster e-Business Internacional, Estrategia digital y e-Marketplaces.
Máster en Dirección de Comercio Internacional.
Graduado por la Universidad del Bajo Rhin en Alemania en Económicas, Marketing y Controlling.
Certificaciones:
AURA y MICROSOFT Creación de aplicaciones para la automatización.
AURA Diseño de procesos con BPMN 2.0.
CELONIS Process Mining.
UIPATH Business Analytics.
Google Business Analytics. Google Data Analytics.
Metodologías ágiles. SCRUM.
IA aplicada a la empresa, etc.
Premios:
Premio Extraordinario Fin de Carrera 2023 Máster Universitario en Tecnología Educativa. Robots Sociales y Colaborativos (RSCL) con Inteligencia Artificial.